O los libros de lo inevitable

Friday, February 23, 2007

los flojos andamiajes de la memoria

A través del tiempo, sólo he notado las fisuras del miedo. Miedo a todo. Miedo a escribir un párrafo malhabido, miedo a pensar que lo que escribo es bueno, miedo a mostrar lo que hago por temor a que lo rechacen, miedo soberbio a sentir dejando las tripas de fuera. Miedo a las frases hermosas que me corroen, miedo a contar las frases hermosas porque quizás ni son hermosas ni son frases. Miedo a pensar cómo decir qué es hermoso.
Pero sobre todo tengo miedo a enloquecer. Estoy convencida que cada persona tiene episodios de demencia (algunos breves) que no logra explicar. Algunos episodios suceden entre el sueño y la realidad y no existen los elementos suficientes para rechazarlos o comprobarlos. Simplemente son un inserto neurótico que echa su raíces sobre el andamiaje de la memoria. Es imposible concebir una mente humana determinada por episodios. No creo que coincidan, muchas veces, las hipótesis de un pasado común (entre seres humanos) y las razones que te hacen llevar a cabo ciertos actos. Por ejemplo, pienso en cosas inverosímiles que me han contado las personas, o en otras que yo misma he vivido.
Él me cuenta que tiene un recuerdo vago de una mañana en la secundaria. Recuerda el peso de la coladera cayéndole encima de la cabeza. la oscuridad y su propio rostro mirádolo sorprendido. Un niño (al cual nunca había visto) dijo que él había sido el que pasó afuera del salón justo a la segunda hora de clases, lo vio correr hacia la coladera y meterse en ella. La maestra le había puesto falta y él me cuenta que no tiene claro nada, que se olvidó por completo de ese momento.
Otro él afirma que no recuerda absolutamente nada de una etapa de su adolescencia, tampoco lo recuerdan. No hay fotos, ni testimonios.
Mi padre dice que recuerda las piedras blancas con sabor a dulce. Recuerda verse a sí mismo cuando niño pasando a través de una ventana. Recuerda episodios que nadie conoce aunque él jure haberlos vivido acompañado.
Por mi parte, me desesperan esos espisodios difusos de la infancia. La presencia de un simio, el snetimiento de la muerte en una de las enfermedades más fuertes que he sufrido. El perro en el techo, el desmayo en el baño de mi bisabuela, los amigos imaginarios. Mis encuentros con la muerte en la infancia son en verdad dolorosos y extraños, siempre seguidos de situaciones anómalas.
Es como si la imaginación jugara todas las cartas al revés. Cuando me sentaba en la cama y empezaba a pensar en el fin del mundo, me veía agarrada a una especia de meteorito, viendo los añicos en que se había convertido la tierra y pensaba: ¿en serio no quedaría nadie? ¿nadie? ¿nadie? Cuando iba por la tercera pregunta comenzaba a llorar y sentirme encabronadamente desolada. Nunca he tenido un sentimiento más grande que la desolación infantil.
Otras veces me ponía a pensar qué sería lo qué hubiera pasado si en lugar de haber evolucionado del mono hubieramos evolucionado de cualquier otro animal, y la reconstrucción de la ciudad, de cada uno de los elementos de la ciudad parecía tan real, que al llegar al punto más funcional de mi mundo creado, me daba tanto miedo que debía prender la televisión y distraerme de cualquier modo. La última gran cosa que me angustió surgió después de ver un programa de La dimesión desconocida en el cual una mujer se veía a sí misma, ya anciana, en el carro que pasaba junto a ella. Igual elucubré todas las veces en que nos hemos encontrado, todas las coincidencias que no se pueden definir en el espacio y el tiempo. ¡AAAAAAAAAAA!
Ya después vino la obsesión con los sueños. Si no somos soñados o soñamos que soñamos lo que en serio existe o acaso soñamos todo y de pronto nadie puede verificar que es la realidad porque somos la coincidencia de los sueños de todos los otros que sueñan que nos sueñan.
Por eso ahora, cuando empiezo a pensar en las causas empíricas de cualquier situación, al primer indicio de angustia, veo pornografía.

1 comment:

Chica con ojos de ayer said...

Preciosa! ! !

Está cabrón...está cabróónn! ! ! JA
Da miedo ¿no? A mi me pasa que involuntariamente olvido recuerdos, .... vaya, recuerdo con exactitud colores, aromas...actitudes...pero no recuerdo la conversación o por qué una persona estaba enojada o por qué estaba ahí en ese momento. ...o recuerdo en sueños....y esos recuerdo sé que son reales porque me dejan con una sensación muy distinta a los que no lo son....en fin....esa conección memoria-sueño me ha traido placeres y unos pocos de problemas emocionales...pero qué se le va a hacer.
Muchos besos y abrazos desde mis sueñossss...seguron te llegan..
Ciao.