O los libros de lo inevitable

Saturday, October 28, 2006

Otra vertiente del ocio

Cosas que te hacen volver a nacer (NACER: Ser arrojado al mundo violentamente)
Salir del metro en hora pico atravesando el estrecho canal que forman una señora y un señor gordo.
Levantarte con el tercer timbrazo del despertador y ver que estas media hora tarde, meterte a la regadera, sentir el agua helada; aspirar y despertar hasta entonces (no has prendido el boiler) -Eso es despertar violentamente y no mamadas-
Que se acabe una suite deliciosa de Bach y escuchar a todo volúmen que en otro departamento alguien ama el regaeton (o como chingados se escriba)
Ver a una persona hermosa y contemplarla. Posteriormente escuchar que tiene una voz que no doblaría ni a la caricatura japonesa más ridícula.
Ver a una persona hermosa y contemplarla. Posteriormente verla sonreír y notar que tiene los dientes podridos.
Salir de una clase prodigiosa, entrar a los baños de la fac aún ensimismada, escuchar, en la fila, que hablan de un tipo X mientras ven la TV y novelas. (Malditas pedagogas fashion)
Estar bebiendo tu chela tranquilamente, charlar, y de pronto ver que dos güeyes se están golpeando y van a cerrar el lugar.
Estar leyendo algo hermoso, al borde de todas las circunstancias explicables y sentir un leve picor entre los dedos. El cigarrillo se ha terminado, (aunque ni siquiera te habías dado cuenta de que lo tenías) y te obliga a aventar el libro, el cigarro y todo a la chingada porque te estás diciendo -¡qué pendeja!-, mientras te chupas los dedos.
Estar lavando los trastes pensando -¡de qué jodida manera puede oírse chido esto- cuando sientes el mismo dolor entre los dedos y te das cueta que casi te cortas el pulgar entero con un cuchillo que pasaba entre la fibra.
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Hospital británico
marzo de 1986
Pabellón Rosetto, larga esquina de verano,
armadura de mariposa: mi madre vino al cielo a visitarme.
Tengo la cabeza vendada. Permanezco en el pecho
de la Luz horas y horas. Soy feliz.
Me han sacado del mundo.
(...)
Hospital británico
¿Quién puso en mí esa misa a la que nunca llego?
¿Quién puso en mi camino hacia la misa esos patos
marrones- o pupitres con alas abiertas-
que se hunden en el polvo de la tarde
sobre las pérgolas que cubrían las glicinas?
1984
Pabellón Rosetto
Soñé que nos hundíamos y que después nadábamos
hacia la costa lentamente y que de nuestras
sombras de color verde claro huían los tiburones.
1978
Pabellón Rosetto
Si me enseñaras qué es el verde claro...
1978
Hospital británico. Hector Viel Temperley.

1 comment:

J. Roberto Cruz-Arzabal said...

Ah, Viel Temperley, la maravilla del caos como nacimiento del mundo y la poesía... eso es nacer de nuevo... este buen hombre nació de nuevo o murió dos veces, que es lo mismo. Gracias por hacerme releerlo.
Suerte con las cosas de la chamba y la tesis; es lo malo de dejar de ser estudiante y preocuparse por cosas que están más acá de la literatura... o quizá más allá. No sé. Besos