O los libros de lo inevitable

Thursday, March 30, 2006

A la memoria de Salvador Elizondo

Mientras morías yo te pedía que me salvaras... por un instante.
Esta mañana me dicen que haz muerto y no me extraña, la búsqueda cesó... ya no te detengas.
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Señores este blog está de luto.
No resta más que citar al Doctor Farabeuf:
Somos un signo incomprensible trazado sobre un vidrio empañado en una tarde de lluvia. Somos el recuerdo, casi perdido de un hecho remoto. Somos seres y cosas invocados mediante una fórmula de nigromancia. Somos una acumulación de palabras; un hecho consignado mediante una escritura ilegible; un testimonio que nadie escucha. Somos la imagen fugaz e involuntaria que cruza la mente de los amantes cuando se encuentran. Somos un pensamiento secreto.
Te equivocas. hay algo en tus recuerdos que te impide traerlos a la mente con la nitidez que fuera necesario. Todo en ello es turbio y confuso. Te sientes abrumada por la presencia demasiado tangible de ese ser que has creado y que hubieras querido ser. Algo en toda tu vida se te escapa. Un instante quizá. Un instante definitivo que puede darte la clave de lo que realmente eres o de lo que has dejado de ser para turbarte tanto...

2 comments:

EL PÁVIDO NÁVIDO said...

Desde la discreción con la que llevó su vida nos abrio las puertas de un mundo insospechado dentro de nosotros mismos. A veces la muerte entristece pero ahí estará siempre, como la única certeza. Un abrazote.
El Pávido Návido

Eneas de Troya said...

Justo hoy escuché un pedazo de El hipogeo secreto lo lee Salvador Elizondo. Eso lo hizo más emotivo.
Lo único que pude pensar fue: ¿Por qué no nací siendo mujer?
Está bien ser hombre.