O los libros de lo inevitable

Wednesday, December 07, 2005

Del infante terrible


Quisiera saber qué tipo de artes mágicas me hacen tener encuentros y reencuentros tan atinados. El sábado pasado volvió a mi Rimbaud, ya lo extrañaba. Maldito precoz (mucho más maldito) escribir cosas como esas a los 19 años. No cabe duda que el primer mundo, en esos tiempos, daba mucho qué decir, aparte ¿cómo no decirlo con Verlaine a su lado? Lo que nos jode estos tiempos es la sobrepoblación. En fin que por muchas cosas se ha quedado Rimbaud en ese reducto de mi adolescencia que ahora vuelve de manera sorpendente. Su poesía no puede ser otra cosa más que expiación, tal vez sea que el romanticismo (filosófico) ya no nos alcanza. ¿o sí? tal vez, este librito me lo encontré en el tianguis del chopo, en donde, supongo se vende muy bien.
A estas alturas de la vida, ya me parece muy cómico notar las puerilidades que en cierto momento definían y que ahora sólo redescubren. Nunca me gustó del todo el spleen Baudeleriano, pero a Rimbaud, mis actuales respetos, sobre todo porque tenía una preocupación por lo oriental bien fundamentado en los hedonistas persas (Khayyam, por ejemplo) y se nota en su líneas. Esta es la introducción a Une saison en enfer (1876).
Ayer, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones, donde corrian todos los vinos.
Una noche me senté a la belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié.
Me armé contra la justicia.
Huí. Oh miseria, oh hechicers, oh odio, a ustedes mis teosros les confié.
Logré desvanecer de mi espíritu toda la esperanza humana. A toda esta alegría, para estrangularla, di el salto sordo de la bestia feroz.
Llamé a los verdugos para morder, agonizando, la culata de los fusiles. Invoqué las plagas para ahogarme con arena, con sangre. La desdicha fue mi dios. Me revolqué en el fango y me sequé con el aire del crimen. Y le jugué buenas trampas a la locura.
Y la pirmavera me trajo el horrible reír del idiota.
Y ahora, últimamente , encontrándome muy cerca del proferir último ¡couac!, he pensado buscar la llave del festín antiguo, donde volvería tal vez a tomar apetito.
Esta llave es la caridad. ¡Esta inspiración demuestra que soñé!
"Serás siempre hiena, etcétera...", exclama el demonio que me coronó de dulces adormideras. "Gana la muerte con todos tus apetitos, tu egoísmo y los pecados capitales".
Ah!, estoy harto: Pero amado Satán, conjuro para que se me vea con menos irritación, y a la espera de pequeñas infamias retrasadas, a ustedes que aman en el escritor la ausencia de facultades descriptivas o instructivas, desprendo estas hojas horribles de mi carnet de condenado.
Por si les interesa:
Rimbaud, Arthur. Una temporada en el infierno. La nave de los locos. Premiá ediciones. Tercera edición bilingüe. México 1981.
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Quiero dejar claro (para quien se ponga mal) que no estoy demeritando a Baudelaire (sabes que hablo de ti), pero yo no podría equiparar versos como:
¡Voluptusidad, sé simpre mi reina!
Toma la máscara de una sirena
hecha de crne y terciopelo,
o derrámame tus sueños pesados
en el vino informe y místico,
¡voluptuosidad, fantasma elástico!
de Baudelaire, con esto:
En los chapoteos furiosos de las mareas,
yo, el otro invierno, más sordo que los cerebros de los niños,
¡corrí! Y las Penínsulas desamarradas
no han sufrido caos más triunfantes.

La tempestad ha bendecido mis despertares marítimos.
Más ligero que un corcho he bailado sobre las olas
a las que llaman rodadoras eternas de víctimas,
¡diez noches, sin añorar el ojo memo de los faros!

Más dulce que para los niños la carne de manzanas ácidas,
el agua verde penetró en mi cáscara de abeto
y de manchas de vinos azules y vómitos me lavó,
dispersando timón y rezón.
Escrito por Rimbaud. Cualquier reclamación, sabes dónde mentarme la madre.

7 comments:

La inmortal Helena said...

Hay una idea que Samuel Johnson debió trabajar más. En su "Prefacio a Shakespeare" recuerda que Homero (o las mil tribus que se arroparon bajo su nombre) se asomó a la locura y la ira, bebió de la fuente misma antes de describirla. Johnson nos recuerda que a partir de esos escritos la tradición literaria se ha dedicado a mirar primero la obra consagrada y después a la fuente misma, en esa dialéctica se apoya para poder expresarse.
Quizá La Idea se agote con el devenir y el cúmulo de años sólo deje la mentira de la añoranza y la certeza de que nuestra voz, ruido sin furia, repite una estrofa ya cantada.

La inmortal Helena said...

Hay una idea que Samuel Johnson debió trabajar más. En su "Prefacio a Shakespeare" recuerda que Homero (o las mil tribus que se arroparon bajo su nombre) se asomó a la locura y la ira, bebió de la fuente misma antes de describirla. Johnson nos recuerda que a partir de esos escritos la tradición literaria se ha dedicado a mirar primero la obra consagrada y después a la fuente misma, en esa dialéctica se apoya para poder expresarse.
Quizá La Idea se agote con el devenir y el cúmulo de años sólo deje la mentira de la añoranza y la certeza de que nuestra voz, ruido sin furia, repite una estrofa ya cantada.

La inmortal Helena said...

Hay una idea que Samuel Johnson debió trabajar más. En su "Prefacio a Shakespeare" recuerda que Homero (o las mil tribus que se arroparon bajo su nombre) se asomó a la locura y la ira, bebió de la fuente misma antes de describirla. Johnson nos recuerda que a partir de esos escritos la tradición literaria se ha dedicado a mirar primero la obra consagrada y después a la fuente misma, en esa dialéctica se apoya para poder expresarse.
Quizá La Idea se agote con el devenir y el cúmulo de años sólo deje la mentira de la añoranza y la certeza de que nuestra voz, ruido sin furia, repite una estrofa ya cantada.

La inmortal Helena said...

Hay una idea que Samuel Johnson debió trabajar más. En su "Prefacio a Shakespeare" recuerda que Homero (o las mil tribus que se arroparon bajo su nombre) se asomó a la locura y la ira, bebió de la fuente misma antes de describirla. Johnson nos recuerda que a partir de esos escritos la tradición literaria se ha dedicado a mirar primero la obra consagrada y después a la fuente misma, en esa dialéctica se apoya para poder expresarse.
Quizá La Idea se agote con el devenir y el cúmulo de años sólo deje la mentira de la añoranza y la certeza de que nuestra voz, ruido sin furia, repite una estrofa ya cantada.

La inmortal Helena said...

Hay una idea que Samuel Johnson debió trabajar más. En su "Prefacio a Shakespeare" recuerda que Homero (o las mil tribus que se arroparon bajo su nombre) se asomó a la locura y la ira, bebió de la fuente misma antes de describirla. Johnson nos recuerda que a partir de esos escritos la tradición literaria se ha dedicado a mirar primero la obra consagrada y después a la fuente misma, en esa dialéctica se apoya para poder expresarse.
Quizá La Idea se agote con el devenir y el cúmulo de años sólo deje la mentira de la añoranza y la certeza de que nuestra voz, ruido sin furia, repite una estrofa ya cantada.

ceguera said...

¿Y me lo tenía que repetir tantas veces mi querida Elena?

cuchonava said...

Sobre el infante terrible, me recordó esa escene en 1984 de Orwell, donde Julia y Smith se etrevistan por primera vez con este personaje de cuyo nombre no puedo acordarme, con la idea de unirse a una sociedad secreta que reniega del actual régimen, y en sus cuestionamientos resalta aquello de lo que serían capaces de hacer para derrocarlo. Algunas lindurascomo matar, robar, torturar, esparcir enfermedades venereas... La misma atracción creciente que siente Smith hacia Julia entre más promiscua sea ella, y todas estas actitudes de Smith y Julia parecen positivas, naturales. ¿y a caso no lo son? Digo, la idea de lo bueno y lo malo me parece un convencionalismo, yo soy incapáz de diferenciarlo sin referencias externas como las leyes o la religión. Mi único pivote es no hacer lo que no me gusta que me hagan... entnces, si entendí bien, aunque con nuestra programación mental nos diga que el protagonista del relato que transcribes dejó lo "bueno" por lo "malo", para su naturaleza particular dejó lo "bueno" por lo "diferente" a ratos bueno, pero su conflicto no es por añorar lo bueno, sino por añorar lo que tenía. Creo que solo quiere todo.