O los libros de lo inevitable

Tuesday, December 20, 2005

Descargó entonces dos golpes fuertes en el cuello de Holofernes, y le cortó la cabeza.


Definitivamente existen ciclos que vuelven a mí. Ayer fui a ver King Kong y me pareció absurdamente ridícula. De no ser por Adrien Brody (recordé por qué estoy tan fascinda por su rostro 'qué cosas hace Dios, ¡caray!') y Naomi Watts, pues la película, de no haber sido por ellos, en realidad no hubiera valido la pena en absoluto. Pero ello me hizo pensar en una frase repetida por mi maestro de latín de primer año de la carrera: "las mujeres tienen y han tenido la culpa de todo. ¿qué me dicen de Helena de troya, de la mujer de Telémaco? ". Y creo que tiene toda la razón, la calidad femenina ha venido a formar parte de cierto modus vivendi que se exige la perfección por sobre todas las cosas , pero no en sí la eliminación del otro por intereses que la erijan como verdadera.
De ellas podríamos decir muchas cosas tanto como mito, como símbolo o como estandarte, pero nos limitaremos a mencionarlas, como homenje. Hablemos en primer lugar de las diosas hindúes: Kahli o Darga, no daban tregua a los que quisieran ofenderlas; la primera los laceraba hasta lograr que sus miembros colgaran de sus vestiduras, era una justiciera inequiparable con las amazonas o las ninfas griegas. Helena de Troya nunca concibio lo maquiavélico implícito en sus acciones, pero Kalhi, sí. Por eso me maravillan los hindúes, sus dioses no pretenden lograr el absoluto de la beatitud, como los occidentales, ni se volvían santas o diosas porque les cortaran los senos (ahí está Santa Águeda de la religión cristiana) sino que por mostrar sus senos reinaban en absoluta tranquilidad sobre los irreverentes mortales. Darga, por su parte, equilibraba la noción de lo impuro con la satisfacción otorgada a un pueblo, no suprimía las nociones de lo verdadero (un ser sexual y autónomo) para conceder lo posible, simplemente reinaba sobre las desviaciones concupiscentes y unificó una nación.
Dentro de la religión cristiana (bueno, judeo cristiana) está Judith, mujer cuyo propósito era salvar al pueblo israelí de la invasión asiria y por ello le cercena la testa a una general imponderablemente chingón. Y Dios la perdona!!!, bueno por supuesto que hablamos de diferentes contextos, pero ¿qué me dicen de Salomé? el ícono de la mujer fatal para los sobrevivientes del XIX, ésta mujer sí que se pasó de la raya, incluso así, me gusta más la versión Bíblica que la de Wilde; Wilde era tan romántico que no pudo dejar de pensar que ella era de una belleza inagotable, pero la verdad, en la biblia ni siquiera mencionan su nombre, sólo se llama Herodías, como una prolongación de su madre, y ciertamente logra que Juan el Bautista la bese y nomás ¡porque le dio la gana!. Y ya que estamos en esto, ¿por qué dejar atrás a Lilit, la primera mujer de Adán? aquella maldita insulsa de los judíos que fornicó con los demonios del exilio para dar a luz a cualquier cantidad de seres intangibles, aquella mujer que no se sometió a una cogida de "misionero" (¿por qué se llama así esa posición creen que es una acto de fe cogerse a una mujer?, no cabe duda que el cristianismo nos alcanza) sino que quiso llevar las riendas del juego para obtener placer.
Y pues, en definitiva existen muchas otras que ahora no recuerdo pero que simplemente partieron la historia por su belleza y buenas artes. Aunque algunas, como Lucrecia Borgia o Juana de Arco, la partieron más por su tezón que por la belleza implícita en sus cuerpos.
En fin que después de ver King Kong me vuelve a la cabeza esa idea de mujer omnipotente, válida únicamente por su ser amado y no por lo que representa en totalidad. No es un discurso amargo, simplemente destituyo las impresiones de una maja desnuda, una maja vestida, una Virginia Woolf destituida, una Emily Dickinson soslayada y una Naomi Watts que pretende amar a un simio (complejo de ecologista mediante) cuyo única virtud es portegerla. Irónicamente, lo último no tiene nada que ver con la mujer fatal que se traga a los hombres y los destruye, simplemente contrasto nociones. Para los hititas las mujeres poseían cualidades específicas por el simple hecho de la reproducción; para los griegos, las mujeres no eran digans de recibir el semen pero sí de luchas encarnizadas para recuperarlas, y ni siquiera para recuperarlas sino para despedazar al infame que se atrevía a retarlos; para los medievales el amor cortés era la panacea de las relaciones humanas, las mujeres eran o inalcanzables o nada; para los románticos, las mujeres eran frágiles y moribundas, tiernas, incapaces de describir algo porque ellas eran las que necesitaban ser descritas y no al contrario; y para los hombres posmo, o modernos, las feminas sólo valen en cuanto su belleza y agraciada faz que represente una estirpe de cosas singulares indefinibles ante la luz de los ocasos, no importa si esto se resume a unos ojos claros o una piel tersa, serán y por siempre, formas de asombro que no podrán dejar de ser consideradas. Las mujeres fatales se ha convertido en seres anorexicos que cantan estribillos banales.
Y bueno, todo el choro para decir que su deber como ciudadanos es ir a ver la exposición de Francisco de Goya, ahora en el MUNAL. Hoy he ido con mucho gusto y me encuentro con que la exposición está llena. Eso me regocija porque Goya merece ser visto, pero ¡por qué puta madre se les ocurre ir el día que voy yo?

1 comment:

Gibreel Farishta said...

"La posición del misionero", he leído la frase en un libro y en tu ira, ambas lecturas se separan por un solo día, sin embargo el contexto es el mismo.
Me confieso como un loco apacible, de habituales furias melancólicas, pese a eso no he escapado de los canones de belleza y me vuelvo más imbécil frente a un rostro bello o a un cuerpo que remite a batallas navales y combates a pedradas. No me inclino por los cuerpos al borde de la muerte, quizá persiga un ideal materno de redondeces y mejillas sonrojadas; cuando miró a una mujer que está a punto de ser gorda, pero conservando todas las proporciones potenciadas, no puedo sustraerme a sus encantos. Hay caderas que invitan a hundirse en ellas, a golpearlas con un deseo creciente.
Cuando Mahound regresaba con sus preceptos, dictados por el arcángel Gibreel, algunos de sus seguidores suponían que el profeta y el ente estaban coludidos, pues cada precepto regulaba siguiendo los deseos de Mahound. Al profeta le gustaban las mujeres sumisas y el arcángel ordeno el uso de burkas y que ellas caminaran tres pasos detrás de sus maridos, curiosamente se prohibieron todas las posiciones sexuales en las que la mujer estaba arriba, pero se permitió la sodomía.
Hemos de aceptar que nuestra era, de los hombres, ha terminado. Nuestro diálogo se cimentó en la violencia y la fuerza, como el de Ajax burlado por Ulises,pero ha llegado el tiempo de las palabras y las abstracciones. Confesémoslo: nuestra capacidad para generar y entender conceptos abstractos es menor que la de ustedes, quizá porque pensamos con el miembro y no con el cerebro.