O los libros de lo inevitable

Saturday, January 21, 2006

Si no han probado la noche...


Percatarse de sus propias limitaciones no hace más que dejar un gran vacío. Nada me han enseñado los años. La depresión y el alcohol no son en lo absoluto, buenos compañeros. Cuando la gente me quiere destruir, lo logra. Me afilio al club de los pendejos conocidos, todo el mundo es capaz de desmadrarme, con una simple palabra me hacen sentir de lo mejor o me convierten en mierda por obra y gracia del sortilegio verbal. ¿De qué sirve reconocer eso? Ayer le decía a Eduardo que no quería ligar en la noche porque no quería que alguien más se tomará la molestia de hacerme sentir fea. Creo que más que confesión es introspección, me parte la madre que nunca haya existido realmente alguien en la extensa lista de problemas amorosos que esté a la mano cuando realmente es necesario. Hay mujeres que bucan deseo y encuentran piedad. Lo peor no es despertar ebria todavía; es despertar, no hallar a nadie cerca, estar deprimida, sentirme culpable (eso me está pasando frecuentemente), no tener un centavo y tener unas ansias locas de tener sexo con quien sea; eso del onanismo después de cierto tiempo, ya no es lo mio, lo mio. Hasta para eso hacen falta demasiados trámites. Hoy me vino la gana que no las musas, hoy no tengo pretextos ni disculpas. Lo que está más de la chingada es despertar y sentir que la única manera de organizarte es gritar. tengo muchas cosas que hacer, quererme sería un buen detalle de mi parte. Darme un tiro por compasión sería un buen detalle de la suya.

1 comment:

Amerigo Bonasera said...

"Cuando el hombre perdió su casa se volvió audaz"


Taras Bulba