O los libros de lo inevitable

Wednesday, January 04, 2006

Hay un espejo que me ha visto por última vez


En definitiva se emprende la búsqueda de lo intangible, prefiero ser hedonista que insertarme en el mundo de los ortodoxos. Este tiempo ha sido un gran dador de reflexiones (patito) pero reflexiones después de todo. Es extraño cómo es que la gente sobrevive. He notado a una anciana que vive por la casa de mis padres, desde que yo me acuerdo es anciana. Antes tenía una tienda, la tienda cerró hace muchos años y desde hace muchísimo tiempo vende vainas de las que comen los pájaros. Este primero de enero la he visto arrastrando el mismo carrito de siempre, con su sombrero de siempre (no sé cómo le ha durado tanto) pero con la mirada gastada totalmente, el oído atrofiado y una forma de comunicación tan pueril que al salir a comprarle algo sólo para evitarle caminar una cuadra más me he puesto a llorar como niña. La humanidad me duele mucho aunque sea más sano mentalmente negármelo. No puedo matar insectos, respeto demasiado su imposibilidad para defenderse. Recuerdo en estos momentos esa frase de Saint Exupery, la de la rosa: ¿de qué le sirve tener espinas a la rosa si no pueden defenderse de los animales que se las comen?. Mis padres sólo tienen un perico que no come vaina para pájaros.
Hay sentimientos que pueden parecer irracionales, lo cierto es que mirar de frente a la humanidad nos predispone a la necesidad de solventar el sufrimiento, tal vez solventar el sufrimiento mismo de quien observa. Caminando por esas mismas calles de una parte de mi infancia, descubro miles de cosas en las cuales no había reparado, el lugar no es el mismo y eso agota mi paciencia. Cada vez hay más autos transitando las avenidas, cada vez más gente envejece, cada vez más gente te olvida porque la última vez que te vio no pensaste que iba a estar muerto la próxima vez que, como siempre lo hacías, quisieras saludarlo. Si para todo hay término y hay tasa/ y última vez y nunca más y olvido/ ¿quién nos dirá de quién, en esta casa/ sin saberlo, nos hemos despedido? Comienzan a darme horror estas palabras.

Hace poco tiempo discutía con el buen Luis el por qué de la indigencia, y bueno no llegamos a nada pero nos entristecimos muchísimo. Existen varias perspectivas, yo pienso que dar una moneda no resuelve nada más que nuestro sentimiento de culpa; creo que deberían terminarse los culeros que no tiene ganas de trabajar pero sí de coger y por eso hay demasiados niños ( sus hijos) que los mantienen sin carencia, niños educados en el arte de provocar lástima y culpa en los demás, niños de ojos grandes, humedecidos por la desnutrición, niños de pies agrietado a fuerza de su desnudez. Pero, ni modo, tienen a esos culeros como padres y pues, ni qué hacerle. Si a los indigentes les ponen un refugio donde tengan comida y cama, ya no quieren trabajar (bueno, en realidad por eso son indigentes) y es que muchos de los que se encuentran en esta situación no han querido integrarse al sistema mierdero reproductivo capitalista, simplemente están hasta la madre de ser uno más. He pensado seriamente en eso y me sorprende cómo es que no mueren con el frío que está haciendo estos días, ni siquiera tienen tos. Tal vez ellos serían los que en una época glaciar futura, sobrevivirían y no yo, a la primera de cuentas me da pulmonía, a la pirmera de cuentas no podría orinar porque no me tomé dos litros de agua, tendría una gastritis impresionante por no comer a mis horas, me moriría del dolor, o tal vez no. Pasa lo mismo con los náufragos ¿por qué cuándo ven que ya no hay posibilidades, se aferran a vivir, incluso a costa de comerse entre ellos, ahí está Alvar Nuñez.
A estas alturas del post ya no sé qué decir, tenía muchas cosas en la cabeza y esperaba plasmarlas, pero ya me perdí, ni siquiera sé por qué tengo abierta la Biblia frente a mí. No creo que exista una solución a la condición humana, tal vez, los padres de los niños que piden dinero son gitanos y el pecado original no los alcanza, por eso no trabajan; tal vez, la viejita de la vaina prefiere trabajar para no morirse de inacción en su casa y piensa que es una labor sumamente importante alimentar a los pájaros de la colonia todos lo días, tal vez a ella la guíen los pájaros a través de la Estigia y no los perros; tal vez el anciano que murió sin despedirse de mí ni siquiera se dio cuenta de que dejé de pasar por ahí hace muchos años; tal vez los vagabundos que no se han querido quedar en este pinche sistema de intercambio monetario están viviendo la mayor experiencia reflexiva de su vida, un pensamiento elevadísimo que los convertirá en personas sumamente sabias en la otra vida; tal vez debo corregir mi estúpida sensibilidad inmediata.

Miren nomás está ironía:

Si el señor no construye el templo, de nada sirve que trabajen los constructores; si el señor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los centinelas. De nada sirve trabajar de sol a sol y comer un pan ganado con dolor, cuando Dios lo da a sus amigos mientras duermen.
Salmo 127 (126)

¿Entonces...?

2 comments:

cuchonava said...

Si existe dios, puede ser bien culero, o cuando menos indiferente, pero la neta, el no tiene la culpa de los huevones. Pero me gusta mas la idea de que los que estamos mal somos los que trabajamos...

Anonymous said...

Me encantaría no ver a tantos niños pidiendo dinero. Pienso igual que tú, una moneda (en estos momentos) no arregla nada, creo que alguien nos vendió la idea barata de que se tiene que ayudar de corazón (sin embargo, es ahuevo)y como creo que dar una moneda no va a ayudar a los millones de seres que viven en la calle y son explotados por alguien más, pues mejor lo guardo y me compro un chicle... ¡Arriba el dolor por el ser humano!